ECOS, encuentro comunitario de oración ante el Señor.

Guión para la Hora Santa, caminando hacia el DOMINGO III T.O CICLO A.
Mt 4, 12-23, se estableció en Cafarnaum para qe se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías.
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TEXTOS DE SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ

“No te cause pena ser nada”

No te duela que vean tus faltas; la ofensa de Dios y la desedificación que puedas ocasionar, eso te ha de doler. –Por lo demás, que sepan cómo eres y te desprecien. –No te cause pena ser nada, porque así Jesús tiene que ponerlo todo en ti. (Camino, 596)

A Dios, escribe el Evangelista San Juan, nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, existente en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer, compareciendo ante la mirada atónita de los hombres: primero, como un recién nacido, en Belén; después, como un niño igual a los otros; más adelante, en el Templo, como un adolescente juicioso y despierto; y, al fin, con aquella figura amable y atractiva del Maestro, que removía los corazones de las muchedumbres que le acompañaban entusiasmadas.

Bastan unos rasgos del Amor de Dios que se encarna, y su generosidad nos toca el alma, nos enciende, nos empuja con suavidad a un dolor contrito por nuestro comportamiento, mezquino y egoísta en tantas ocasiones. Jesucristo no tiene inconveniente en rebajarse, para elevarnos de la miseria a la dignidad de hijos de Dios, de hermanos suyos.

DIRECTORIO FRANCISCANO

ORAR SIN CESAR POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
Benedicto XVI, Ángelus del 20-I-08
Queridos hermanos y hermanas: Hace dos días comenzamos la Semana de oración por la unidad de los cristianos, durante la cual católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes, conscientes de que sus divisiones constituyen un obstáculo para la acogida del Evangelio, imploran juntos al Señor, de modo aún más intenso, el don de la comunión plena. Esta iniciativa providencial nació hace cien años, cuando el padre Paul Wattson inició el «Octavario» de oración por la unidad de todos los discípulos de Cristo. Por eso hoy están presentes en la plaza de San Pedro los hijos y las hijas espirituales del padre Wattson, los hermanos y las hermanas del Atonement, a quienes saludo cordialmente y animo a proseguir en su especial entrega a la causa de la unidad.
Todos tenemos el deber de orar y trabajar por la superación de las divisiones entre los cristianos, respondiendo al anhelo de Cristo: «Ut unum sint», «que sean uno». La oración, la conversión del corazón y el fortalecimiento de los vínculos de comunión constituyen la esencia de este movimiento espiritual, que esperamos lleve pronto a los discípulos de Cristo a la celebración común de la Eucaristía, manifestación de su unidad.